Artistas

Pablo Soria

“…Hay una actitud nostálgica e intimista en estos trabajos; es pretender recuperar algo de uno mismo, porque en algún punto se lo ha perdido. Es siempre volver a un lugar común, o  querer seguir perteneciendo a él. Y la memoria guarda casi intactos estos lugares. 

Entonces, es  hacer una revisión, casi como en un diario de viajero  y captar cada paisaje y situación para luego reinterpretarlo y hacer un nexo de conexión entre el presente y el pasado.

O dicho de otra manera: ¿qué es lo que la memoria guarda de cada lugar? ¿Que es lo que queda?  En la obra uno es todo lo que ha sido.  Un reflejo.”

Pablo Soria
Sobre la Serie “Las Yungas Suite”

 

 

Sobre la fotografía de Pablo Soria

La obra de Pablo Soria se define por un lirismo muy íntimo. A pesar de ser  extremadamente personal tiene a su vez un carácter universal. Su iconografía esta basada en sus experiencias, únicas. Las memorias, y por consiguiente, su reflexión en el arte, ha devenido en uno de los temas mas recurrentes en el arte contemporáneo, provocado quizás por la dinámica de la sociedad actual que con su movimiento de personas a través del mundo ha generado una intensa sensación de desarraigo. En el caso de Pablo, y en el de esta serie en específico, Las Yungas, alude a un territorio geográficamente ubicado en el norte de Argentina, en la provincia de Tucumán. Un lugar al que Soria se siente conectado de por vida, y que trata de retener y recrear constantemente. Este lugar deviene, para Pablo, en su refugio espiritual, al que regresa año tras año, aparentemente a buscar imágenes, pero en realidad es a recargarse emocionalmente.

Siguiendo el viejo proverbio de todo tiempo pasado fue mejor, Soria se escuda en sus recuerdos para producir su obra. Sus fotografías destilan añoranza por una época detenida en el tiempo, suspendida en la eternidad, una especie de viaje al pasado-presente. Paisajes de lugares desolados, lugares aparentemente remotos e inaccesibles, fragmentos de memorias congeladas en el recuerdo. Hay una nostalgia impregnada en estas imágenes, una fuerza que emana de cada una que atrae, y que nos remite, a cada uno a su propio pasado, a su bagaje personal de recuerdos e historias. Inevitablemente evocan una velada soledad, un aislamiento de todo y todos.

Soria va develando capas de sus memorias, metafóricamente y formalmente. Y con esto me refiero a la forma en que ‘hace’ su obra, la cual soluciona a partir de transparencias. Su uso del color,  y específicamente de unas tonalidades sepia, ineludiblemente nos remite a las antiguas fotografías coloreadas a mano, en la que los colores parecían irreales, creando una cierta atmósfera surreal. El uso de telas en el fondo le da ese ambiente imaginario de los sueños, de la vigilia subconsciente. A veces dan la impresión de ser imágenes totalmente manipuladas, cuando en realidad, la única manipulación deviene en la selección del escenario y el fondo que Soria crea para cada una.

Pablo es un espectador omnipresente, del otro lado de la cámara contemplando en total silencio, seleccionando estas imágenes en las que nunca aparece otro ser humano. El lente deviene en sus ojos, como si aun estuviésemos mirando a través de ellos y experimentando las mismas sensaciones.

Para Soria su obra es su diario personal, cada imagen es una página, su forma de ‘escribir’ su historia, visualmente.  En su recorrido por su propia vida, en el que va sacando fragmentos de su pasado y compartiéndolos. Es su intento por perpetuar este pasado, asiéndose del mismo tratando de revivirlo  en el presente. 

 

                                                                                                        Irina Leyva Perez

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