Artistas

Kojiro Takakuwa

“He estado trabajando con el tema de agua desde el año 2002.   Al inicio, ni siquiera estaba tan seguro por qué me interesaba tanto.  Sencillamente, sentía que era lo que tenía que hacer, así es que continué pintando la serie.  Más tarde, me di cuenta de que el agua había llamado mi atención porque era una manera neutral de mostrar cuanto prejuicio hay en nuestras formas de ver. Así como sucede con un idioma extranjero.  Para quienes lo dominan se les hace organizado; pero para los demás son tan sólo sonidos o ruidos, en el peor de los casos.  Pero: ¿debemos aceptar que así sea?  Con mis pinturas intento responder estas preguntas.”
Kojiro Takakuwa

 

La incertidumbre de la percepción

¿Qué quisieras ser cuando seas grande? Pregunta obligada a los niños pequeños.  “Quisiera ser aire”, respondió Kojiro. Esa respuesta que dejara perpleja a su maestra, permitía entrever los sueños y la poética de quien ahora nos presenta su primera muestra personal en Panamá, su nuevo hogar.

Tras el éxito de su exhibición individual en Tokio - donde predominaban paisajes en pequeño formato, en los que también planteaba la dualidad de la realidad y la ambivalencia de la percepción-, Kojiro Takakuwa nos trae ahora una serie de obras que nos acercan más a esas preguntas que lo mueven a crear.  Esta aproximación al centro de su búsqueda, no sólo es evidente en el gran tamaño de sus formatos, sino en la inmediatez de las figuras y el enfoque puntual de sus propuestas.

Un tema recurrente en la obra de Kojiro es la percepción de la realidad.  En sus obras coexisten mundos paralelos que se desdoblan en lo visible y lo invisible, lo que es, lo que aparenta ser y lo que pudiera ser; posibilidades que ofrecen una nueva forma de mirar o nos invitan a replantearnos lo obvio, a escribir nuestras propias historias.

Sus bañistas, seres etéreos, suspendidos en azules helados y rodeados de silencio, se desvanecen volviéndose agua o aire, nos muestran la dualidad del ser, están inmersos en un mundo que presenta posibilidades más allá de lo evidente.

Aún sin rostro, nos miran… o más bien nos invitan a mirarlos para que participemos con ellos en esa eterna búsqueda de respuestas. Quizás lleguemos a la conclusión conjunta de que, la realidad humana, es una constante interrogante.

Cargados de misterio, desconcertantes a veces, sus lienzos están a la caza de historias. Sus figuras, detenidas en el tiempo, retan el espacio: se transforman, su esencia fluye, como el agua que las envuelve.  Tan reales como su historia y tan efímeras como un sueño, sus obras nos muestran que la ambivalencia existencial es tan veraz como el agua, el firmamento o el horizonte tenue que los separa.

Para Lao Tsé y Chaung Tzé, principales exponentes del Taoísmo, el Tao equivale al agua como centro del universo.  Omnipresente, envuelve a todos los seres vivos, sin prejuicios ni motivos ulteriores.  Es la gran mediadora entre los contrastes, siempre buscando un balance.  Se disuelve y se solidifica, fluye, se transforma perpetuamente, como la vida misma. De líquida a sólido a vapor, el agua es el epítome del cambio continuo: la metamorfosis. 

“Quiero ser aire”, deseó alguna vez Kojiro. Inmersos en su cosmos, todos podemos aspirar a serlo si nos dejamos llevar por la fluidez de una realidad que cambia con tan sólo alterar el agua de la superficie. Podremos ser aire, cielo, nubes…  si tan sólo nos atrevemos a mirar más allá de lo aparente, con la inocencia de un niño que se hace mil preguntas.

Mirie Mouynés

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